LOS ÁNGELES, ¿CÓMO ENCONTRARON SUS ALAS?
Los ángeles, aquellos seres fabulosos tan familiares en el mundo cristiano, carecen de alas en la Biblia. ¿Cómo adquirieron la forma que conocemos hoy?
Por Norman Ricklefs

Mosaico del Arcángel Miguel (siglo XIII) de la Iglesia de Santa Maria dell' Ammiraglio
Los ángeles no siempre tuvieron alas. No fue sino en el siglo IV que surgió la familiar imagen del ángel alado. En la iglesia romana de Santa Pudenciana, San Mateo aparece en un mosaico representado con alas, con un aspecto idéntico al de un ángel tal como lo conocemos en la actualidad. Un siglo después, en la iglesia romana de Santa María la Mayor, aparecen inconfundibles ángeles alados alrededor de la figura de Cristo entronizado, cristalizando de este modo la iconografía angelical para las generaciones futuras.
El saber común es que el ángel alado deriva de las victorias aladas, populares en aquel período. De hecho, existe una clara similitud entre muchas representaciones tempranas de ángeles y las de la diosa Nike o Victoria. Sin embargo, aunque la influencia de otras criaturas aladas en la imaginería angelical tiene sentido, no explica por qué, desde el principio, el ángel adquirió alas. La razón para modelar ángeles a partir de seres alados preexistentes sin duda consiste en que ya se creía que los ángeles tenían alas.
Los ángeles de la Biblia no tenían alas. Los querubines y serafines alados son figuras derivadas de la tradición del Cercano Oriente, de figuras guardianas zoomorfas aladas, y no son ángeles, pues no desempeñaban ninguna de las funciones angélicas. De hecho, en el Antiguo Testamento, los ángeles no suelen distinguirse claramente de los humanos. La carta a los Hebreos, que figura en el Nuevo Testamento, hace esta recomendación: “No olvidéis la hospitalidad, pues gracias a ella algunos hospedaron, sin saberlo, a ángeles”. Cuando en el Nuevo Testamento los ángeles son claramente identificados, se distinguen de los humanos comunes por características que se encuentran por primera vez en los libros del Antiguo Testamento, como sus relucientes túnicas blancas o un semblante resplandeciente, pero carecen de alas.

'La Anunciación', Taddeo Crivelli, 1469
Los ángeles bíblicos no necesitaban alas para viajar entre el cielo y la tierra: ascendían por escaleras o en las llamas del fuego sacrificial. En la antigua ciudad siria de Dura-Europos se encuentra un mural del siglo III que representa el sueño de Jacob en que ángeles sin alas suben por una escalera. Este motivo también se encuentra en la literatura cristiana primitiva, como en Pasión de las santas Perpetua y Felicidad, del siglo III, donde Perpetua narra la visión de una escalera por la que los justos ascienden al cielo.
En las catacumbas de Priscila, en Roma, un artista desconocido de mediados del siglo III pintó lo que creemos es la primera representación cristiana de un ángel, el arcángel Gabriel, sin alas. Incluso a mediados del siglo IV, el sarcófago romano de Junio Baso aún representa al ángel de la historia del sacrificio de Isaac sin alas.
Sin embargo, en las culturas de Oriente Próximo y el Mediterráneo de este período no escaseaban los seres sobrenaturales alados. De hecho, tener alas era tan común en las figuras divinas que uno casi se pregunta cómo es posible que los ángeles no las hubieran tenido antes del siglo IV. En Mesopotamia, el viento era visto como un demonio alado llamado Pazuzu. Las antiguas personificaciones griegas de los vientos, los Anemoi, también fueron representados en ocasiones como humanos alados. Asimismo, existen ejemplos de demonios cananeos alados procedentes de excavaciones en Bet-Seán y Meguido.
En el antiguo Egipto, las deidades solares Ra u Horus eran representadas con un disco alado, figurando el sol. Este se convirtió en un símbolo de la realeza divina en Oriente Próximo. El arte asirio representó al rey en el centro de un disco circular, ya fuera alado o con las alas sobresaliendo del disco. El arte aqueménida posterior representó a Ahura Mazda, el dios supremo zoroastriano, en un disco alado, y el Fravashi zoroastriano (similar a lo que podríamos reconocer como un alma) compartía la misma iconografía alada. La iconografía sasánida representó el busto del rey rodeado de alas. Las alas aparecían, por lo tanto, como símbolo del poder divino, ya fuera de los dioses o de sus representantes en la tierra.

La Victoria alada de Samotracia. Foto de muratart en Shutterstock
Posteriormente, a finales del siglo III, el obispo y mártir Metodio de Olimpo, relacionó la condición del ser alado con el celibato. De nuevo, a fines del siglo IV, en un texto ascético oriental, “Sobre ermitaños y moradores del desierto”, se decía que el ayuno de las atracciones mundanas otorgaba alas al asceta, que las utilizaba para remontarse al cielo.
Ya existía la idea de que los justos eran identificados como ángeles. En las visiones de la ascensión que se encuentran en los escritos judíos del Segundo Templo y en los de cristianos primitivos, los ascendentes suelen ataviarse con ciertas vestimentas una vez han arribado al cielo. Estas vestimentas parecen estar inspiradas en las de los ángeles (sin alas). En otra temprana obra cristiana, la de Clemente de Alejandría, padre de la iglesia de los siglos II y III, los justos muertos eran descritos como angelicales.
El cristianismo primitivo fue una amalgama de culturas tanto del Oriente Próximo como del ámbito grecorromano. En algún momento durante los siglos III y IV, se hizo común para los cristianos considerar a los ángeles como seres alados y atribuirles alas a los justos, tanto en la tierra como en el cielo, lo que se convirtió en el modelo iconográfico. El alado San Mateo sin duda debe verse en este contexto; había ascendido y se le habían concedido los símbolos propios de quienes habían alcanzado la vida eterna. Las alas del ángel representan la colisión entre Platón y Persia, ya que la iconografía de Oriente Próximo pasó a ser utilizada para indicar un estado perfecto del ser, el del ángel, al que aspiraban los primeros cristianos en este mundo y en el más allá.
[Norman Ricklefs, “How Angels Found their Wings”, History Today, vol. 72, nº 12, diciembre de 2022]