Thanks Mr. Wood!
Por Tom Mackaman y David North
Acaba de morir el principal historiador del nacimiento de la nación estadounidense. Ofrecemos una vindicación socialista de Gordon S. Wood y de la Revolución Angloamericana como un acontecimiento que cambió profundamente la sociedad, alumbró la democracia con sus contradicciones inevitables y que puede ser pensado como un hito para una eventual transformación del mundo presente.

Día de elecciones en Filadelfia, por John Lewis Krimmel, 1815
Un trágico accidente ha puesto fin a la existencia de uno de los principales historiadores de Estados Unidos. Gordon S. Wood falleció a menos de un mes del 250º aniversario de la Declaración de Independencia, la conmemoración de la revolución cuya historia había estudiado durante toda una vida.
Habla de la degradación de la conciencia democrática, la vida intelectual y la cultura en Estados Unidos el hecho de que la muerte de Wood, aparte de obituarios dispersos y superficiales colocados en las páginas interiores de los periódicos, haya pasado en gran medida desapercibida. El principal historiador de la fundación de su propio país ha desaparecido de la escena, justo en vísperas del semiquincentenario, sin provocar apenas un estremecimiento en la vida pública oficial.
En una carrera que abarcó seis décadas y numerosos libros, artículos y conferencias, Wood se consolidó como el principal historiador de la Revolución Angloamericana y la Primera República. Su obra The Creation of the American Republic, 1776–1787, publicada en 1968, ganó el Premio Bancroft, y su libro The Radicalism of the American Revolution, posiblemente el más importante jamás escrito sobre el período de la fundación estadounidense, ganó el Premio Pulitzer en 1993. Empire of Liberty: A History of the Early Republic, 1789–1815, publicado en 2009, fue una contribución emblemática a la serie Oxford sobre la historia estadounidense iniciada por C. Vann Woodward y Richard Hofstadter.
Wood, que había nacido en 1933 en Concord, Massachusetts, en el seno de una familia de clase trabajadora, estudió bajo la dirección de Bernard Bailyn, el brillante erudito de la época colonial que entonces estaba en los inicios de su carrera. En esos años, precisamente, Bailyn trabajaba en un estudio minucioso del enorme corpus de panfletos que, según su hipótesis, habían creado el clima político de la revolución estadounidense, investigación que dio como resultado su libro más importante, The Ideological Origins of the American Revolution.
La obra de Wood, a diferencia de gran parte de la historia académica, era accesible al público general. Lo logró sin sacrificar la complejidad y transmitiendo al mismo tiempo su dominio enciclopédico del archivo. Como Bailyn, Wood poseía un raro don literario, arraigado en una gran sensibilidad hacia las voces que sobreviven en los registros históricos y en un notable respeto por sus lectores. Al igual que el presente, el pasado era un mundo vivo habitado por actores que enfrentaban circunstancias cuya resolución ellos mismos no podían prever. En manos de Wood, la era revolucionaria dejó de ser una secuencia familiar de acontecimientos resueltos que avanzaban hacia un desenlace predeterminado por el historiador, para convertirse en un drama que se desarrollaba en tiempo real, animado por la incertidumbre, el conflicto, la posibilidad y la tragedia. “El pasado no puede ver el futuro”, le gustaba recordar Wood a estudiantes y colegas.
De esta convicción derivaba el enfático rechazo de Wood al anacronismo histórico: arrancar a las figuras históricas de su propio tiempo para imponerles los supuestos y estándares del mundo contemporáneo. Tal enfoque, insistía, era inherentemente moralista e hipócrita. Halagaba al presente a expensas del pasado, convirtiendo la historia en un ejercicio de autocomplacencia, y hacía imposible una comprensión histórica genuina. Los hombres y mujeres del siglo XVIII no podían ser acusados por no pensar y actuar como las personas del siglo XXI; la tarea del historiador era comprenderlos dentro del mundo que realmente habitaron, con sus límites y posibilidades dados.
Los críticos asocian ocasionalmente a Bailyn y sus estudiantes con la “escuela del consenso” de la historia estadounidense, la cual, bajo la presión del anticomunismo del periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, sacó de la historia el conflicto en favor de un mitológico “excepcionalismo estadounidense”. Esta visión de la obra de Bailyn y Wood es errónea. A veces denominada también “interpretación whig de la historia”, un concepto tomado de la historiografía británica, la escuela del consenso, en lo que respecta a las épocas colonial y revolucionaria, puede ser asociada con mayor precisión a Edmund S. Morgan, contemporáneo de Bailyn en la Universidad de Yale.
De hecho, tanto The Ideological Origins de Bailyn como The Creation of the American Republic de Wood pusieron de presente un mundo en intenso conflicto. En Bailyn, el foco de esas contiendas estaba en la ideología. En la obra de Wood, el elemento social era más fuerte: la era revolucionaria no había consistido, simplemente, en una pugna de ideas. Tras la política había intereses en competencia que en última instancia encontraron expresión en la creación de conceptos completamente nuevos de poder político que tomaron forma en las constituciones. Wood cristalizó este enfoque temprano en un conciso libro reciente, Power and Liberty: Constitutionalism in the American Revolution, publicado en 2021.
Wood nunca se esforzó mucho por identificar con precisión cuáles eran aquellos intereses o cómo se relacionaban con las clases sociales en el emergente mundo capitalista, una limitación dictada, en gran medida, por su fidelidad al archivo y su sensibilidad hacia la naturaleza de la sociedad misma. En el período colonial tardío no existía una burguesía moderna ni una clase trabajadora asalariada significativa, aunque ambas fueron surgiendo en la era republicana temprana. Wood en cambio insistió, y lo demostró ampliamente en The Radicalism of the American Revolution, que lo que había estado en juego había sido la erosión y el eventual colapso de una sociedad monárquica.
La monarquía y sus formas sociales y de propiedad eran débiles en las colonias inglesas de América, reconocía Wood, pero no obstante existían. La Revolución Angloamericana fue librada contra ese Ancien régime tanto como la Revolución Francesa una década después, una comparación que él nunca rehuyó. Aquel Viejo Mundo había sido desafiado y deshecho por lo que Jefferson denominó como una nueva “aristocracia natural” de líderes republicanos. En una trágica ironía, sin embargo, la visión de aquellos Padres Fundadores de una república gobernada por estadistas desinteresados dio paso, en el relato de Wood, a una democracia bulliciosa y vulgar comandada por políticos de carrera que representaban a un nuevo “tipo medio”.
Wood alcanzaba su cenit literario cuando transmitía el sentido trágico del desenlace de su revolución que habían experimentado los Padres Fundadores sobrevivientes hacia la década de 1820, como Jefferson, Adams y Madison. Uno percibe que, hasta cierto punto, el autor compartía su punto de vista, que capturó de manera memorable en la conclusión de su Empire of Liberty:
“Ningún estadounidense había hablado con mayor elocuencia o de manera más completa del impulso radical de la Ilustración que Jefferson. Nadie había expresado el significado radical de la Revolución —el derrocamiento de reyes tiránicos y la elevación de la gente común a un grado de igualdad sin precedentes— como Jefferson. Sin embargo, él siempre intuyó que su ‘imperio de la libertad’ tenía en su corazón un cáncer que carcomía el mensaje de libertad e igualdad y amenazaba la existencia misma de la nación y su autogobierno democrático.
Aunque Jefferson en sus últimos años trató de mantenerse esperanzado en el futuro, vislumbró un desastre inminente cuyas fuentes nunca comprendió del todo. Él y sus colegas habían creado una Unión consagrada a la libertad que contenía una falla interna que sería su perdición. Los virginianos que tanto habían hecho para dar origen a Estados Unidos sabían en sus almas, como lo insinuó Madison en el consejo a su país desde el más allá, que en su arcádico ‘Paraíso’ había una ‘Serpiente arrastrándose con sus artimañas mortales’. Como Madison, muchos de la generación anterior llegaron a comprender que ‘la esclavitud y la agricultura son incompatibles’. La Guerra Civil fue el clímax de una tragedia anunciada desde los tiempos de la Revolución. Sólo con la eliminación de la esclavitud aquella nación que Jefferson llamó ‘la mejor esperanza del mundo’ para la democracia, podría al menos comenzar a cumplir su gran promesa”.
Estos y otros pasajes desmienten las afirmaciones de algunos críticos de que Wood era indiferente al tema de la esclavitud o a otras formas de opresión. Aunque no rehuyó la tragedia de las consecuencias indeseadas, que, como observó Trotsky, siempre “yacen inherentes en la contradicción entre el mundo despierto de la mente y la limitación estancada de los medios”, Wood siempre insistió en el carácter revolucionario y transformador de la revolución estadounidense; en su significado histórico-mundial.
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Caricatura inglesa del presidente James Madison, 1813
Este enfoque puso a Wood en desacuerdo creciente con la “izquierda académica”, que llegó a encontrar en aquella revolución, o bien un plan para perpetuar el dominio de los hombres blancos de élite —el argumento promovido por los historiadores centrados en la identidad—, o bien un acontecimiento intrascendente, como sostienen los académicos influenciados por el posmodernismo. En respuesta a tales argumentos Wood escribió The Radicalism of the American Revolution, libro que nunca ha sido respondido de frente por sus críticos.
Cuando el World Socialist Web Site entrevistó por primera vez a Wood en 2014, expresó su confianza en que los enfoques posmodernistas de la historia nunca ganarían amplia influencia entre el público. Sin embargo, la academia había estado incubando ideas que eventualmente serían la base para un asalto de gran envergadura contra el significado histórico de la Revolución Angloamericana. La campaña tomó forma con la publicación insignia del liberalismo estadounidense, el New York Times, que en 1969 había elogiado The Creation of the American Republic de Wood como “uno de los seis libros más importantes jamás escritos sobre la Revolución Estadounidense”.
Wood ya era anciano cuando el Times lanzó esa ofensiva en el campo a que había consagrado su vida intelectual, pero respondió con el vigor de un hombre mucho más joven. Fue el World Socialist Web Site el que inició la lucha contra el Proyecto 1619. En el otoño de 2019, el WSWS publicó una serie de entrevistas con los historiadores Victoria Bynum, James Oakes y James McPherson, exponiendo los principales errores conceptuales y factuales del proyecto. En noviembre de aquel mismo año, Wood concedió al WSWS una extensa entrevista propia y posteriormente se unió a varios de aquellos historiadores en una carta abierta al Times, que planteó las críticas que se habían formulado por primera vez en las entrevistas del WSWS y exigió correcciones.
El Times se vio forzado a tomar la defensiva. Sus defensores en la pseudoizquierda académica lanzaron ataques viciados contra Wood y McPherson, encabezados por Nikole Hannah-Jones, quien condenó a estos eminentes eruditos como “historiadores blancos” que nunca podrían entender la historia estadounidense debido a su raza. Hannah-Jones había elaborado una visión cuasi zoológica según la cual la raza no sólo determinaba la visión de la historia, sino en la que la historia misma era el desarrollo interminable del conflicto entre los “estadounidenses blancos” y los negros. Sigue siendo una parodia y una vergüenza que tan pocos en la profesión encontraran el valor para oponerse a esos ataques intelectualmente deleznables.
Frente a ellos, Wood perseveró con una energía notable. Continuó su colaboración con el World Socialist Web Site, participando en un importante seminario web el Día de la Independencia de Estados Unidos de 2020, “El lugar de las dos revoluciones estadounidenses: pasado, presente y futuro”, evento en el que también participaron Oakes, Bynum, Clayborne Carson de la Universidad de Stanford y Richard Carwardine de Oxford, así como al historiador laboral y redactor del WSWS Tom Mackaman, y a David North, presidente del consejo editorial del WSWS.
Wood no era socialista ni marxista, y ni él ni el WSWS afirmaron lo contrario. Lo que unió nuestro trabajo fue una insistencia común en que la revolución estadounidense fue un acontecimiento transformador —que fue efectivamente una revolución—, así como nuestra insistencia común en un enfoque veraz y objetivo de la historia.
Wood apreciaba esta colaboración. En 2021 escribió a su entrevistador del WSWS: “pareces ser el único historiador que entiende lo que estaba diciendo en mi libro Radicalism”. La correspondencia continuó hasta pocas semanas antes de su muerte. Wood dijo que finalmente se había retirado de la escritura —“a los 92 sería insensato” continuar, escribió—, pero que esperaba con interés un calendario completo de los eventos conmemorativos del 250º aniversario de la revolución.
Al final de su vida, mientras Estados Unidos se acercaba al 250º aniversario de la independencia en medio de una profunda crisis política y social, Wood se erigía como uno de los últimos grandes representantes de una tradición histórica que hoy se encuentra asediada y en peligro. Perteneció a una generación de historiadores que creían que el pasado podía ser entendido objetivamente, que las ideas importaban y que las grandes revoluciones alteraban el curso de la historia humana. Rechazó el cinismo, el presentismo superficial y ahistórico, y la reducción de la historia a la raza, la identidad o el poder por sí mismo. Para él, la Revolución Angloamericana siguió siendo uno de los acontecimientos decisivos en el desarrollo democrático de la humanidad, por incompletos y contradictorios que fueran sus resultados.
Esa convicción animó su labor académica a lo largo de más de medio siglo y dio a su obra su vitalidad perdurable. Será leída mucho después de que las falsificaciones racialistas y las evasiones posmodernistas que combatió en sus últimos años hayan sido desacreditadas, no sólo en las obras académicas sino también, y lo más importante, por la práctica de una clase trabajadora radicalizada que extrae aliento e inspiración de los ideales de la primera revolución estadounidense.
[Tom Mackaman y David North, “A tribute to Gordon S. Wood (1933-2026), historian of the American Revolution”, junio 10 de 2026, en World Socialist Web Site]