Los fantasmas del Valle. Notas de un antropólogo sobre el paramilitarismo
Por Daniel Gutiérrez Ardila
En La ley en una tierra sin ley. Diario de una limpieza en Colombia, Michael Taussig plasma su confusión y sus interrogantes ante los paramilitares, cuya presencia ubicua experimentó en una estancia de investigación en un pueblo del Valle del Cauca.

Paramilitares, foto de Luz Elena Castro, 1995, Colección Banco de la República
En 2001, Michael Taussig pasó dos semanas en un pueblo del Valle del Cauca, el mismo que visitaba en forma recurrente desde hacía treinta años, y su estancia coincidió esta vez con la irrupción de los paramilitares, que aseguraban su dominio mediante asesinatos selectivos. A esa incursión soterrada, se le daba (allí y en otras partes de Colombia) el nombre de “limpieza”. El peculiar vacacionista no pudo dejar de ser antropólogo y llevó un diario para tratar de entender aquel terror. El resultado fue publicado en 2003 en inglés, y ha sido traducido este año por la Universidad del Cauca con el título La ley en una tierra sin ley. Diario de una limpieza en Colombia.
Lo interesante es que Taussig publicó aquellas notas, en lugar de usarlas como insumo para escribir un libro, pues no quería desprenderse de la confusión y los interrogantes que lo invadieron mientras vivía la ocupación paramilitar. Le parecía importante preservar esa zona gris entre la acción y la reflexión, esa escritura del trayecto.
El diario de Taussig formula preguntas simples, que son normalmente las más arduas de responder. ¿Qué son los paramilitares, para empezar, y por qué hacen lo que hacen? El antropólogo los define como “signos de interrogación con tatuajes” que deambulan en moto, como soldados que no lo son realmente, “sino algo más parecido a fantasmas revoloteando entre lo visible y lo invisible, entre el ejército regular y el submundo criminal de asesinos y torturadores que todos los Estados parecen no tener ningún problema en reclutar cuando se ven acorralados”. Es un punto esencial: toda la violencia aparecía por medio de relatos o de estadísticas. De hecho, Taussig nunca presenció un asesinato o una golpiza durante aquella estancia de dos semanas.
Sin embargo, esta definición del paramilitarismo se queda corta, porque no toma en cuenta la participación fundamental de la sociedad en el fenómeno. Taussig reformula entonces su idea, afirmando que los paramilitares medran en una zona oscura entre el Estado y la sociedad. No basta entonces con decir que son, en su particular versión colombiana, “el ala clandestina del ejército y la policía”, y que están más allá de la ley y de los derechos humanos. De hecho, sus acciones solo son posibles por el apoyo que les dieron muchos ciudadanos “honestos y honorables”. El mismo Taussig pudo comprobarlo, sorprendido, en conversaciones con sus viejos amigos del pueblo, ricos y pobres, que entendían como un mal menor la llegada de las tropas invisibles responsables de la “limpieza” y de “una extraña forma de ocupación permanente”. ¿Por qué pensaban de tal modo? ¿Podía haber un mal mayor, cuando se considera que en esa población del Valle del Cauca de cincuenta mil habitantes murieron trescientas personas en un año? Taussig terminó entendiendo que los paramilitares representaban “la promesa de usar la violencia para detener la violencia, de usar el miedo para detener el miedo”.
El diario del antropólogo ofrece un quinto rasgo para definir a los paramilitares colombianos en 2001. Además de ser como fantasmas, de actuar con la protección del ejército y la policía, de contar con apoyo social y de funcionar como una promesa violenta, los paramilitares eran o pretendían ser una organización nacional (las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC). El paramilitarismo era pues también una mezcla de centralización y anarquía.

Bloque Catatumbo de los paramilitares, 2004, foto Jesús Abad Colorado
Tras definir el paramilitarismo como un fenómeno de validez general (típica herramienta al servicio de Estados en apuros) que presenta en Colombia rasgos muy particulares, Taussig intenta resolver otra pregunta. ¿Cuál es la historia del fenómeno paramilitar en el país? ¿Qué diferencias había entre lo sucedido en 2001 y lo acontecido desde los años 80? ¿Existía alguna relación entre la violencia de comienzos del siglo XXI con la de mediados de siglo XX? ¿Era el enjambre de matones en moto una réplica distanciada en el tiempo de los llamados pájaros que asesinaban en el Valle del Cauca en nombre del partido conservador?
A pesar de que Taussig mismo reconoce la existencia de diferencias sustanciales (dinámica propia de la guerra, irrupción del narcotráfico), su conclusión en el diario es que el fenómeno paramilitar era una realidad casi permanente en la historia del país y que de ella participaban aun los grupos guerrilleros, a los que la gente achacaba también “limpiezas” en ciudades y pueblos pequeños. FARC, ELN, EPL, AUC, FF. AA (Fuerzas Armadas): “Todos esos acrónimos se imitan entre sí, cada uno con los mismos uniformes y armas intercambiables, y —quién sabe— más o menos con la misma mentalidad también”.
La intensidad del fenómeno paramilitar variaba en la historia colombiana, de manera que se notaban algunos picos más o menos distanciados. ¿Cómo explicar el muy álgido de 2001? Taussig especula en su diario que quizás las “limpiezas” ocasionales y habituales de la policía ya no bastaban, y que la situación se había vuelto incontrolable. También concluye que la gente apoyaba a los paramilitares “en buena medida porque el Estado colombiano” no podía protegerla “de nada, no solamente de la guerrilla”, si bien esta parecía haber encarnado “las fantasías apocalípticas” de la gente. Muchas personas con las que habló el antropólogo deseaban incluso una invasión de los Estados Unidos y soñaban con bombas de napalm en las montañas que eliminaran a las FARC. La promesa violenta del paramilitarismo funcionaba precisamente porque estas habían encarnado el miedo y la fiereza en un contexto de indefensión y de delincuencia desbordada.
Y es que Taussig cree también que la magnitud del fenómeno paramilitar que presenció en 2001 tenía todo que ver con un cambio cultural pronunciado entre los jóvenes colombianos, cambio que se notaba en la ropa, en la música, en los cortes de pelo, en el lenguaje y en una “falta de voluntad para trabajar o aceptar la autoridad”. En suma, era la llegada de la “vida fácil”, posibilitada por el tráfico de drogas.
Michael Taussig, La ley en una tierra sin ley. Diario de una limpieza en Colombia, Universidad del Cauca, Popayán, 2026.