Entre La Vorágine y otros clásicos: asociar y multiplicar la crítica sobre los territorios de frontera
Por Javier Ricardo Ardila Gutiérrez
Universidad de Pensilvania
Nuestra sociedad tiene una deuda por saldar con el Putumayo. Con las conmemoraciones por el centenario de La vorágine aún en el horizonte, una tradición crítica emerge ante la violencia y la deforestación en las regiones fronterizas.

Embarcación fluvial recolectando caucho, tomada cerca de 1907, en The Putumayo. The Devil's Paradise, de W. E. Hardenburg
En el 2024, Colombia atestiguó el retorno de La vorágine. La efeméride de la primera edición de la novela unigénita de José Eustasio Rivera (1888-1928) fue ocasión para al menos tres movimientos simultáneos: celebración, valorización y reflexión. En primer lugar, la celebración de Rivera como una figura en la historia de las letras colombianas. Segundo, la valorización de la literatura de la selva y su posicionamiento en el contexto latinoamericano. Tercero, la reflexión sobre el estado actual de la región entre los ríos Meta, Orinoco, Caquetá y Putumayo; aquella que “se tragó” a Arturo Cova cuando salió en busca de Alicia. Considero este último aspecto como el legado más importante de la conmemoración.
Además del genio de Rivera o de la latencia de La vorágine, (á la Jauss, como la capacidad de una obra literaria para adquirir nuevos significados y apropiaciones inesperadas con el paso del tiempo), el lector contemporáneo se siente interpelado porque la historia resuena sobre las violencias contemporáneas. Resulta imposible leer La vorágine sin pensar en los pueblos al sur y al oriente de los Andes que hoy están en el umbral de la desaparición. En esta ocasión por el conflicto armado, el desplazamiento forzado y la deforestación que generan la expansión ganadera, la minería y el narcotráfico. Escribo esta primera contribución a Aún Historia como reacción a la nota de Nicolás Sánchez Arévalo, “Nukak: cercados por un baño de sangre y la ganadería”, publicada en 18 de junio de 2026.
Mi invitación es a no tomar la parte por el todo. El riesgo de reducir el centenario al aniversario de una obra de literatura está en evadir la responsabilidad histórica de una sociedad que debe hacer de la trama de la novela inadmisible en el presente. La vorágine es una obra ineludible de la literatura latinoamericana, pero una entre otras que se aventuraron a poner en palabras lo innombrable.(1) Una tradición que antecede los estudios sobre colonialidad de Walter Mignolo o a los estudios postcoloniales de Ranajit Guha. En otras palabras, el 2024 fue también el aniversario de aquellas obras que, como La vorágine, pusieron sobre la mesa tres preguntas incómodas: ¿cómo entender el régimen de terror que se estableció durante la bonanza cauchera?, ¿sobre quién recae la responsabilidad de los excesos que llevaron al genocidio del Putumayo?, ¿qué elementos garantizan condiciones estables de no repetición?
La efeméride literaria me estimuló a desempolvar en los anaqueles de las bibliotecas otros cinco “clásicos”. Estos títulos, en el espíritu de Rivera, intentaron explicar lo que sucedió en los límites de la geografía y los de la humanidad. Mi objetivo no es presentar una bibliografía exhaustiva, ni siquiera esencial; ¡y es que tinta corrió y corre desde 1924 hasta hoy! Sin embargo, los libros seleccionados abrieron un camino difícil de trasegar y establecieron el campo para los estudios recientes. Son hitos en una tradición crítica sobre la violencia en territorios de frontera.
Mi primera parada fue el conocido Devil’s Paradise, publicado en Londres en 1912.(2) El libro reúne los viajes de Walter Hardenburg (1886-1942) por el río Putumayo, los informes de Roger Casement (1864-1916) en el “libro azul” al Parlamento Británico y la traducción de las denuncias tempranas sobre las operaciones de la Casa Arana. El lector puede percibir la herencia de la escritura de viajeros del siglo XIX, pero, con el paso de las páginas, aparecen formas de violencia inéditas en el género. El informe de Hardenburg dio a conocer al mundo los secretos acallados en la selva. En el mismo año, el Papa León X publicó la encíclica Lacrimabili statu Indorum. Devil's Paradise será la antesala al famoso Libro rojo del Putumayo de Norman Thompson (1913).(3) Las denuncias de Hardenburg y Casement son un bautizo de fuego para entender el terror y la sevicia; pero también son la entrada para cuestionar la moral económica que alentó la empresa extractiva del caucho.
A continuación me detuve en un clásico que llegó algunas décadas después. Se trata del audaz y mítico Siervos de Dios y amos de los indios de Víctor Daniel Bonilla, publicado en 1968. La reedición por la Universidad del Cauca, impresa en 2019, incluye un conjunto de ensayos que apuntalan el mérito de la obra.(4) Y es que el libro de Bonilla aún hoy causa incomodidad. Lo que más sorprende es la “similitud” entre los métodos de algunos misioneros entre los indígenas Inga y Kamentsá, en el Alto Putumayo y Sibundoy; y los de los caucheros en el Bajo Putumayo, entre Andoques y Huitotos. Es decir, las violencias físicas y simbólicas que acompañaron los proyectos de civilización, tanto los religiosos como los económicos. Bonilla muestra el agotamiento de un proyecto de colonización de territorios de frontera que desde finales del siglo XIX delegó en actores religiosos el poder para crear infraestructuras, impartir justicia y organizar la tierra y el trabajo de los indígenas.(5) Su obra ayudó a visibilizar el anacronismo del proyecto misional aún vigente en los años de 1960, en un momento de renovación y autocrítica por la Iglesia Católica. Así mismo, abrió el camino para las obras recientes de Misael Kuan Bahamon, (2015), Amada Carolina Pérez Benavides (2020) o Camilo Mongua Calderón (2022).

Cacique bora en The Lords of the devil's paradise, de Sidney Paternoster, 1913
Mi siguiente estación fue Shamanism, Colonialism, and the Wild Man, del antropólogo Michael Taussig. La Universidad de Chicago publicó la primera edición en 1987, y la Casa Editorial Norma la primera traducción al español en 2002.(6) El libro de Taussig sigue siendo relevante, particularmente por su énfasis en la sanación. Si la primera parte recoge el testimonio sobre las atrocidades para entender el terror como un elemento constitutivo de la fetichización de la deuda; la segunda recoge los diálogos con las comunidades del piedemonte Amazónico y muestra la resignificación de la vida a partir de la identidad como respuesta a la destrucción. La lectura del estudio antropológico de Taussig se enriquece en el diálogo con la obra histórica de Barbara Weinstein, The Amazon Rubber Boom, que, si bien se concentra en la extracción de caucho en el Brasil, permite observar las redes económicas transnacionales, regionales y locales que moldearon la empresa cauchera en el siglo XIX.(7)
Al despuntar el siglo XXI, el estudio Holocausto en el Amazonas (2000) de Roberto Pineda Camacho hizo volver la mirada sobre Caquetá y Putumayo, en el momento del repunte de la producción de cocaína y expansión guerrillera.(8) Heredero de la tradición crítica de las ciencias sociales, este libro vino a apuntalar la robusta obra de Pineda que, desde los años ochenta, arroja luces sobre la vida de las comunidades Amazónicas. Tres lustros después, el mismo Pineda publicó Los huérfanos de la vorágine (2014), que se desplaza en el tiempo para entender la supervivencia de los indígenas tras la masacre cauchera, sus prácticas de reparación y las respuestas a la expansión de las guerrillas y los “garimpeiros” (mineros ilegales).(9)
En el 2014, el Centro Nacional de Memoria Histórica publicó el informe Putumayo, la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Con el antropólogo Augusto Javier Gómez López a la cabeza, la publicación consta de dos partes: “Fragmentos para una historia económica y sociocultural de las caucherías en el Putumayo” y “Documentos relativos a las violaciones del territorio colombiano en el Putumayo (1903-1910)”.(10) Fiel a su título, la compilación es rica en fuentes primarias sobre la historia de las caucherías. Dos categorías sobresalen: los testimonios de indígenas de la nación Murui (Huitoto) y los informes asociados a los conflictos limítrofes entre Colombia y Perú. Su ánimo testimonial y analítico fue la antesala para una generación de investigadores que desde el Centro de Memoria acometió los desafíos de escribir sobre la guerra. Vale la pena recordar que la obra se publicó en el contexto de crítica por las secuelas de la guerra con las autodefensas (El Conflicto), los escándalos por las ejecuciones extrajudiciales (“Falsos Positivos”) y los diálogos que llevaron a la firma del acuerdo de Paz con las FARC.
Finalmente, la literatura latinoamericana ofrece un quinto ejemplo. Tanto Perdido en el Amazonas (1978) como Mi alma se la dejo al diablo (1982) de Germán Castro Caycedo son herederas del universo de Rivera. En ellas la selva no solo es una dimensión física y espacial, sino una fuerza activa que supera y doblega la voluntad de los seres humanos. En los albores del siglo, Mario Vargas Llosa ofreció una biografía ficcionada de Roger Casement en El sueño del celta (2010).(11) El Nobel peruano recrea los últimos momentos de Casement, quien denunció la sombra del colonialismo en África, en Suramérica y, de algún modo, en la misma Irlanda. Aunque solo los capítulos VIII, X y XII tratan directamente el caso del Putumayo, la novela retorna a la crítica del colonialismo; un “cordón umbilical” transnacional que une al Amazonas con África.
Repito, mi brevísimo recorrido bibliográfico es irremediablemente preliminar. Sin embargo, será suficiente para dejar en claro mi argumento. En 2023, Margarita Serje y Erna von der Walde publicaron una edición cosmográfica de La vorágine con la editorial de la Universidad de los Andes.(12) Esta edición incluye una robusta selección documental y cartográfica que revela la erudita mirada antropológica, histórica, geográfica y literaria de las editoras. Mi reflexión comparte su llamado. Es importante reconocer esas otras voces que se aventuraron a poner en palabras acciones que resultaban inexplicables. Escritores que navegaron entre los límites de la razón y los escrúpulos.
Los corazones sensibles siempre se sentirán compungidos con la lectura de los informes de Casement, así como por las confesiones de Clemente Silva en el libro de Rivera. Pero, tal vez sea ese el efecto necesario: mirar el terror de frente para afrontar las incoherencias de nuestra humanidad presumida. Los ejemplos de cómo hacerlo abundan. Basta ver las obras de la Escuela de Frankfurt, que, con la guía del marxismo en el horizonte y la sombra del Holocausto a las espaldas, develó las infraestructuras del mito de la Ilustración, del capitalismo y del colonialismo a la vera de las contribuciones de Benjamin, de Adorno y Horkheimer, o de Marcuse.(13)
En nuestro caso, el retorno a la literatura de las selvas servirá de antesala para robustecer una tradición crítica local que acumula al menos cuatro generaciones de escritores. Rivera fue consciente del peligro de ver únicamente la dimensión literaria de La vorágine. El gran riesgo era “hacer mitológicos [los] padecimientos” y novelescas las torturas” de quienes tenían “a la selva por cárcel”, como lo advirtió en su respuesta a Ricardo Sánchez Ramírez de diciembre de 1926.(14) Durante el siglo XX, algunos escritores atendieron este llamado desde distintas disciplinas y pusieron en duda las narrativas triunfalistas de la civilización, de las luces y del progreso. Aun así, las heridas abiertas por la expansión agresiva hacia los espacios de frontera están por sanar y demandan nuestra atención. Un cuidado reflexivo que gana en vigor con la asociación y la multiplicación de los elementos de estudio, como invita Bruno Latour. Asociar y multiplicar para alejarse de los relativismos, robustecer el análisis y recuperar la energía crítica de las voces académicas.(15)
La literatura como la historia han de ayudar a ver con claridad el presente. El centenario de La vorágine concluye como una oportunidad para evaluar los esfuerzos concretos por relegar la trama de la obra de Rivera al pasado. Reconocer, proteger y garantizar la vida para hacer de las memorias de Silva y los infortunios de Cova y Carranza una trama de ficción.(16) Sin embargo, las violencias contemporáneas sobre la naturaleza, las poblaciones y los territorios hacen pensar que las líneas de Rivera no han perdido su literalidad.(17)
Notas
1. Aquí sigo a Amanda M. Smith en Mapping The Amazon: Literary Geography After The Rubber Boom, Liverpool University Press, Liverpool, 2021, particularmente el capítulo “Reading Maps with La vorágine: Cartographic Illusion on the Río Negro” (pp. 23-60); Leopoldo M. Bernucci, Un paraíso sospechoso: La vorágine de José Eustasio Rivera: novela e historia, Universidad Javeriana, Bogotá, 2020 [2017].
2. Roger Casement & Walter Ernest Hardenburg, The Devil's Paradise; Travels in The Peruvian Amazon Region and An Account of The Atrocities Committed Upon the Indians Therein, T. F. Unwin, London, 1912.
3. Norman Thomson, El libro rojo del Putumayo, precedido de una introducción sobre el verdadero escándalo de las atrocidades del Putumayo. Ilustrado con tres mapas, Arboleda & Valencia, Bogotá, 1913.
4. Víctor Daniel Bonilla, Siervos de Dios y amos de los indios. El estado y la misión capuchina en el Putumayo, Ediciones Tercer Mundo, Bogotá, 1968 [Universidad del Cauca, Popayán, 2019].
5. El historiador Camilo Mongua Calderón desarrolló un análisis de las condiciones que llevaron a este proceso de delegación el poder en Los rostros de un estado delegado: religiosos, indígenas y comerciantes en el Putumayo, 1845-1904, Universidad del Rosario, Bogotá, 2022. Sobre este punto, vale la pena regresar sobre los trabajos de Misael Kuan Bahamon, Misiones capuchinas en Caquetá y Putumayo, 1893-1929, Universidad Javeriana, Bogota, 2015, o los más recientes de Amada Carolina Pérez Benavides, incluido su artículo "Cristianismo y civilización: imposición y resistencia en las misiones católicas. Colombia, siglos XIX y XX", Ariadna Histórica. Lenguajes, conceptos, metáforas, nº 9, 2020, pp. 101-121.
6. Michael Taussig, Shamanism, Colonialism, and the Wild Man: A Study in Terror and Healing, University of Chicago Press, Chicago, 1987 / Chamanismo, colonialismo y el hombre salvaje. Un estudio sobre el terror y la curación, traducción de Hernando Valencia Goelkel, Editorial Norma, Bogotá, 2002.
7. Barbara Weinstein, The Amazon Rubber Boom, 1850-1920, Stanford University, Stanford, 1983.
8. Roberto Pineda Camacho, Holocausto en el Amazonas: una historia social de la Casa Arana, Planeta Colombiana Editorial, Bogotá, 2000.
9. Roberto Pineda Camacho, Los huérfanos de la vorágine: Los andoques y su desafío para superar el llanto del genocidio cauchero, Academia Colombiana de Historia, Bogotá, 2014.
10. Centro Nacional de Memoria Histórica, Putumayo: La vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio, partes I y II, CNMH, Bogotá, 2014.
11. Mario Vargas Llosa, El sueño del celta, Alfaguara, Madrid, 2010.
12. José Eustasio Rivera, La vorágine. Una edición cosmográfica, editada por Margarita Serje y Erna von der Walde, Universidad de los Andes, Bogotá, 2023. Esta misma presenta una bibliográfica más compresiva sobre Rivera y las caucherías que incluye y sobrepasa la mayor parte de los títulos aquí discutidos.
13. Walter Benjamin, “Theses on the Philosophy of History”, Illuminations, Schocken Books, New York, 2007, pp. 253-264; Max Horkheimer y Theodor W. Adorno, Dialectic of enlightenment, Herder and Herder, New York, 1972.
14. La respuesta apareció en El Tiempo, el 25 de diciembre de 1926, y sirve de acápite para la introducción de la edición cosmográfica de Margarita Serje y Erna von der Walde. La carta completa fue publicada en La Vorágine: textos críticos, editada por Monserrat Ordóñez, Alianza Editorial Colombiana, Bogotá, 1987, pp. 63-70. Felipe Martínez Pinzón analiza la dimensión crítica del desencanto en “La voz de los árboles. Poesía, fiebre y movilidad en La vorágine”, en Una cultura de invernadero. Trópico y civilización en Colombia (1808-1928), Iberoamericana Vervuert, Madrid, 2016, pp. 139-168.
15. Bruno Latour, “Why Has Critique Run out of Steam? From Matters of Fact to Matters of Concern”, Critical Inquiry, vol. 30, nº 2, 2004, pp. 225-248. https://doi.org/10.1086/421123.
16. Entre los aportes más recientes se encuentra el libro de Germán A. Palacio, Fronteras y horizontes de la imaginación. Amazonia, vorágine y paraíso recuperado, Universidad del Rosario, Bogotá, 2025, en donde propone volver a la Amazonía para pensar en alternativas de paz y sostenibilidad.
17. Nicolás Sánchez Arévalo, “Nukak: cercados por un baño de sangre y la ganadería”, Vorágine. Periodismo Contracorriente, 18 de junio de 2026. Consultado el 23 de julio de 2026.